Papá, quiero ir al baño


Cuando pensaba cómo comenzar este blog explicando lo que significa ser padre, no se me ocurrió otra frase mejor que esta para expresar las responsabilidades que esto conlleva. Ser papá o mamá no es salir a pasear con los nenes o sacarse fotitos espectaculares para subir a Facebook y que todos digan lo lindos que se ven. Ser papá no es que tu hijo sea hincha del mismo cuadro que vos o que tenga tus mismos gustos musicales o deportivos. Ser papá es cambiar pañales diarreicos con una sonrisa en la cara mientras le haces muecas a tu bebé para que no se mueva y se manche de porquería; ser papá es limpiarle el trasero cada vez que va al baño o cargarlo durante cuadras mientras te orina en el pecho. Eso es ser papá, no sólo lo lindo, sino más aún lo feo, lo natural, lo de todos los días. Bañarlo con un millón de juguetes en tu bañera que te quitan todo el espacio, vestirlo mientras se retuerce como una anguila epiléptica, darle de comer verduras cuando te las revolea por la cabeza y te pide papas fritas, disculparte en el pelotero cuando le pega a otro nene, correrlo entre una multitud cuando se emociona con algo o cocinar en dos minutos mientras él está aferrado a tu pierna como una garrapata hambrienta. 


Hoy en día no muchos comprenden estas cosas a la hora de traer una vida al mundo. Piensan en lo tierno y lo lindo que va a ser, pero cuando pasan horas sin dormir o cuando uno de los dos de la pareja empieza a priorizar al niño en detrimento del otro, comienzan las peleas o peor aún, las recriminaciones. Un hijo es lo más lindo del mundo, pero nadie dice que criarlo es lo más difícil del mundo. Tener un hijo es estar dispuesto a sacrificar todo en el mundo por él, y cuando uno dice todo no me refiero a cosas extraordinarias, sino a cosas básicas que muchas veces uno las necesita más que nada. Dejar de jugar al fútbol todos los sábados, dejar el gimnasio, dejar un curso, dejar la universidad, dejar tu carrera por un trabajo desde casa que te permita pasar más tiempo con tu bebé aunque ganes menos dinero y tengas menos reconocimiento profesional. Ser padre es renunciar a todo por tu hijo, y no porque él o alguien lo pide, sino porque sabes que hay que hacerlo. Muchas veces están los abuelos u otros parientes que pueden dar una mano, pero no pasa siempre y los hijos son de uno y es responsabilidad de quien los trajo al mundo cuidarlos. Porque cuidarlos es amarlos y sin amor para qué traerlos al mundo. Un hijo no es algo que mostrar cuando conviene y luego tirarlo en una guardería o con una niñera para seguir con nuestras vidas. Y si recurrimos a otros es porque no hay alternativa y porque estamos seguros de que el poco tiempo libre que nos queda lo vamos a utilizar en ellos. Se acabaron las actividades extras, ser papá es primero, y si el niño está en una guardería para que trabajemos, cuando no trabajamos somos de ellos. Y no porque debemos hacerlo, sino porque queremos hacerlo. Eso es lo que nos diferencia de ser simples donantes de esperma o de óvulo. Queremos estar con nuestros hijos, queremos ayudarlos, queremos que nos quieran. Y si a veces esto nos sofoca o aburre es normal, pero no es una razón para salir corriendo y menos para arrepentirnos. Ser padres es una experiencia única porque nosotros la hacemos. Los errores siempre ocurren pero si son con amor siempre pueden solucionarse. No sucede lo mismo si son errores egoístas que ponen a los niños en segundo plano, porque ellos son siempre primeros  y si uno olvida eso es que no merece ser padre. Todo padre sacrifica su felicidad por la de su hijo y renuncia a todo por un poco de ellos.


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